sábado, 13 de mayo de 2017

NO PUEDES VOLAR PORQUE YA NO ERES UN NIÑO (A propósito de Peter Pan)







¿Todavía no habéis caído en la cuenta de cual es la diferencia entre un niño y un adulto? Si nos atuviésemos, Dios no lo quiera, a las disquisiciones de la psicología moderna, la respuesta sería clara y contundente: la edad. 


Prefiero respuestas no tan académicas y más imaginativas; incluso diría que me gusta mucho más resolver tal disyuntiva a base de mis propias vivencias. Y así intento hacerlo día a día en esto y en todo. Pero como también me gustan las historias y la literatura, disfruto con la compañía y con la inestimable ayuda de esos seres irreales y maravillosos que son los personajes.

Hoy nos acompañan Peter Pan, el hada Campanilla, Wendy y sus hermanos, Garfio, los niños perdidos y el resto de personajes creados y relatados por el escocés J.M. Barrie. Ya sé que puede extrañar que a mis 57 años todavía deambule por el reino de Nunca Jamás. No lo puedo evitar, como tampoco puedo olvidarme de Arturo, Lanzarote del Lago y Merlín. Soy así.

Peter Pan, en la novela de Barrie,  olvida inmediatamente sus aventuras,  no recuerda nada de lo que le ha acontecido tan solo unas horas antes. Se olvida del hada Campanilla, de la sirenas e incluso de su adorada Wendy. No guarda memoria de nada para así no tener conciencia del transcurso del tiempo y vivir una perpetua niñez. Peter debido a su orfandad careció de una mamá que, como nos explica Berrie, tuviera por costumbre, después de que los niños se hayan dormido, rebuscar en su imaginación como en un cajón y poner las cosas en orden; dejando los pensamientos más bonitos encima y preparados para usarlos al día siguiente, y guardando a buen recaudo travesuras, enfados y egoísmos. Así nos ayudan a dejar de ser niños.

Y ese miedo a crecer que, los niños que siguen creyendo en las hadas, intentan arrinconar al ver el paso de los años como un acercamiento al final de todo es, mi manera de ver, una de las razones por las que los seres humanos guardamos e imaginamos historias. Ningún otro animal de nuestro planeta tiene desde muy temprana edad la certeza de que todo acabará algún día. Por eso tratamos de salvaguardar como un tesoro lo que sabemos efímero y nos gustaría permanecer para siempre: alegres, inocentes e insensibles como Peter Pan, Alicia o Tom Sawyer.

¿Conoces algún otro niño eterno?  
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2 comentarios:



  1. La forma en la que expresa este relato el deseo de un niño de no querer crecer y la manera en la que nos hacemos mayores ha sido el polvo de hadas que me ha hecho volar, no a aquellos años en los que todo era un juego en el patio de recreo, sino a esos momentos de fascinación e incredulidad que he vivido ya siendo adulto en los que me he sentido la única apasionada por algo que a ojos de los demás es irrelevante o absurdo. Porque hacerse mayor es, como dice este maravilloso cuento, dejar de creer en las hadas, o dicho en lenguaje adulto, dejar de percibir el encanto de las pequeñas cosas, el embrujo de lo irreal, o incluso me atrevería a decir que madurar es aprender a ignorar aquello que nos hace imaginar y adentrarnos en un mundo inventado por nosotros mismos, por la única razón de que idear son sólo chiquilladas.
    Gracias por traernos hoy a tu blog para revivir esos tiempos felices, y para recordarnos que para no perderlos solo hay que intentar que no te atrapen las Sirenas.
    Fdo: un niño eterno

    Ah! Y acabo de comprar el libro. Gracias por ponernoslo tan fácil.

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    1. Estupenda reflexión. Es magnífico viajas a Nunca Jamás aunque se solo algunos horas al día, algunos días al mes, algunas semanas al año. Se trata de no olvidar esos momentos y por supuesto no admitir su destrucción pasada, presenta o futura.

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