sábado, 6 de mayo de 2017

24 HORAS EN LA VIDA DE UNA MUJER (Stefan Zweig)



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¿Creéis que es posible ceder apasionadamente al instinto en forma libre; es decir: ¿Hay acciones que una hora antes de cometerlas juzgaríamos como imposibles? 
Zweig, a mi manera de ver, lo expone e ilustra magistralmente en este librito de pequeño formato e inmenso contenido.     

 En la tranquilidad de un balneario cercano a Montecarlo, Madame Henriette, madre de dos hijas de corta edad, desaparece en compañía de un joven al que conoció el día anterior. 


Ante el revuelo del deshonroso acontecimiento entre los demás huéspedes del hotel, tan solo el narrador de esta historia que se hospeda en el mismo establecimiento, sale en defensa de la joven Madame Henriette. En la mente de  Mrs.C, una respetable anciana de origen inglés sorprendida por los acontecimientos, reaparecen los recuerdos de hace tres décadas cuando a punto estuvo de sucumbir a la pasión desatada por un joven ludópata con alto poder de seducción al que hasta ese momento no conocía. Aprovechando la intervención del joven narrador en favor de la vituperada Madame Henriette, Mrs. C, siente la necesidad de confesión y de retornar a aquellos días para descargar su espíritu de la culpa y de la duda y accede a contarle lo que durante tantos años ha mantenido en secreto.

Todos nos sentimos seguros de la fortaleza de nuestra moral y conciencia, hasta que la tiranía de la pasión desbocada acierta a penetrar por las rendijas de nuestra, hasta ese preciso momento, autoafirmada decencia. Es entonces cuando, como dicen los versos de Gabriel Celaya, abandonamos los bellos disfraces con que un día jugamos a inmortales; y somos conscientes de nuestra imperfecta humanidad. 
Sentimos entonces que algo pugna por salir de forma explosiva y abrimos las manos para recogerlo ante la certeza de que se trata de nosotros mismos.

Madame Henriette sucumbe por rebeldía ante un matrimonio insatisfactorio; a Mrs. C. la mueve un sentimiento altruista que busca la salvación de un joven atormentado por las consecuencias del juego. Ambas ponen en peligro la estabilidad de su existencia atrapadas por sus sentimientos. Pero en la vida es preferible sentir demasiado que no sentir nada e intentan romper las cadenas del deber y de la corrección moral; y es que el deber es el freno social antinatural de la espontaneidad y el entusiasmo. 

A Mrs. C, hasta la noche de su confesión, le acompañó durante el resto de su vida el sentimiento de vergüenza y de culpa. De Madame Henriette nada sabemos y quizás consiguió el amor, ese sentimiento que consiste en establecer vínculos y no dependencias.




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1 comentario:

  1. Si...hay acciones que una hora antes de ometerlas juzgaríamos imposible...libro precioso...donde se demuestra que si uno realmente siente es cuando vive sino la vida...va pasando sin más

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