miércoles, 12 de abril de 2017

El Museo de la Inocencia (Orhan Pamuk)

    Orhan Pamuk nació en Estambul en 1952. A finales de los setenta decidió dedicarse plenamente a la narrativa abandonando su hasta entonces oficio de periodista. Desde entonces se ha convertido en un referente de la literatura turca contemporánea. En 2005 recibió el premio de la Paz otorgado por lo libreros alemanes, y en 2006 fue galardonado con el Nobel de Literatura.


       

     Vi caminando a Füsun en dirección contraria a la que yo avanzaba por aquella polvorienta carretera búlgara que atravesaba campos sembrados de girasoles. Su cuerpo esbelto parecía bailar en el interior del escueto vestido rojo mientras continuaba dando pequeños pasos hacia allí donde yo me encontraba. Mi admirado Orhan Pamuk también debió divisar la misma figura, e igual determinación en su caminar, según he podido comprobar tras visitar el Museo de la Inocencia abierto al público en Estambul y tras disfrutar durante ocho o nueve horas de la lectura de su novela.  En el capítulo 83 de la misma, Pamuk nos deja una invitación que permite franquear la entrada al museo que él mismo ha fundado. No esperen los asistentes encontrar allí esculturas ni pinturas de grandes maestros del arte oriental ni occidental. Tampoco objetos o documentos que justifiquen e ilustren grandes epopeyas humanas; ninguna referencia a la épica de pueblos o a la supervivencia de sus mitos. Muy al contrario, en ese pequeño museo que anida en la vivienda donde Füsun pasó la mayor parte de su vida, tan solo encontrará el visitante-lector aquellos pequeños objetos que durante años Kemal fue recogiendo como insignias conmemorativas de sus visitas y pensamientos en torno al amor de su vida. Nada importante: un pequeño pendiente, una horquilla de pelo o una colilla con el filtro manchado  del carmín que minutos antes cubría sus labios. Se trata de un homenaje a lo individual; a aquello que nos distrae y nos aleja de los grandes temas de la humanidad y que tan solo cobra sentido en nuestro interior.  Y es que la belleza esconde a menudo registros indescifrables tan solo visibles para algunos persuadidos o apasionados. Como iba diciendo, Füsun caminaba por la cuneta de aquella endemoniada carretera cuando también pude ver el Chevrolet del 56 conducido por hasta ese momento desconocido Kemal. El Chevrolet paró al lado de la muchacha y pude ver como ésta se sentaba al volante. Kemal, a su lado, paso el brazo por encima de sus hombros en un gesto de inconfundible ternura. Fue la última vez que tuve ocasión de verlos juntos. Después he tenido que acudir a la lectura de la novela de Pamuk para conocer una de las múltiples y posibles historias  que precedieron y siguieron a ese momento. Os la recomiendo de principio a fin. Incluso hasta puede resultar divertido y enriquecedor leer tan solo los capítulos 78 y 79 y que cada lector complete el resto antes de visitar  el Museo de la Inocencia  sito en un barrio del viejo Estambul.

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1 comentario:

  1. Gracias por la recomendación.

    He llegado a tu blog a través de la iniciativa Seamos seguidores, y ya te sigo, me encantaría que tú lo hicieras también. Como no encontré una entrada específica para ello te dejo el comentario aquí, espero que no te moleste.

    Te dejo la dire del blog por si hubiese alguien más interesado en conocerlo.

    https://bibliotecariarecomienda.blogspot.com.es/2016/10/iniciativa-seamos-seguidores.html

    Saludos desde Bibliotecaria Recomienda

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