viernes, 28 de abril de 2017

EL AMERICANO IMPASIBLE (Graham Greene)



"Que Dios nos salve de los inocentes y los buenos"

Así se expresa el jefe de la prefectura policial francesa, Vigot, refiriéndose a Pyle, joven estadounidense de treinta y dos años empleado en la Misión de Ayuda Económica americana. Le envió su país a la "conquista de oriente para la democracia"; nunca vio nada que no hubiese oído en una sala de conferencias ni expresó algo que no hubiese escuchado a su padre. 

domingo, 23 de abril de 2017

Presentación de "NO SOY NADIE PORQUE NADIE ME ESPERA" en la librería Lemus




El pasado jueves 20 de abril nos reunimos en la librería LEMUS de La laguna unos cuantos amigos y algunos fieles lectores para la presentación de mi novela NO SOY NADIE PORQUE NADIE ME ESPERA. La presentación del acto la llevó a cabo Ana Gonzalez Duque autora de libros como El blog de la doctora Jomeini, Planes de boda o leyendas de la tierra límite y  directora del blog Marketing online para escritores.  Además pudimos contar con la colaboración, en la difusión del acto, de Radioqrzlatina y la invitación a una copa de vino a cargo de Bodegas Dominguez.



Si deseas compralo a través de Amazon HAZ CLICK AQUÍ

Durante el acto Ana Gonzalez Duque entrevistó a Jorge Solera sobre el origen de la idea que motivó la escritura de esta obra y sobre aspectos narrativos y técnicos de la novela, influencias literarias del autor y circunstancias en las que se fue "cociendo" el relato. En todo momento estuvo presente en la sala una reproducción de la obra del pintor norteamericano Edward Hopper "Summer Interior". Jorge nos relató sus sensaciones e interrogantes ante la contemplación de este cuadro que dieron lugar al argumento de su novela.







IMÁGENES DEL ACTO




Con Javier y Antonio de Radio QRZ Latina










MUCHAS GRACIAS A TODOS
Y
HASTA LA PRÓXIMA






viernes, 21 de abril de 2017

EL BARRIO DE LA BOCA

Este relato breve lo escribí nada más de regresar de mi viaje por Argentina. No pretende más que reflejar mis impresiones de ese barrio bonaerense, sobre sus gentes, sobre su grandeza y sus pequeñas miserias. 

Parece como si el Gran Buenos Aires hubiera descartado este trocito de territorio de sus pretensiones cosmopolitas para convertirlo en tierra mítica: aquí conviven La Bombonera, el estadio donde El Diego Maradona comenzó su andadura balompédica, el fondo del bandoneón que acompañaba a Carlos Gardel y la calle Caminito.

 Pero El Barrio de la Boca es algo más, eso que cada uno de sus habitantes intenta justificar ante la visita de los centenares de turistas que lo visitan cada día y que, me temo, tan solo pretenden aceptarlo como recuerdo de viaje.




Gracias al equipo de redacción de la revista literaria Trabalibros por la publicación de este relato.       

Si deseas leer este relato breve  en la revista 
                                           Pincha aquí                                                          
                                      

                                  



miércoles, 12 de abril de 2017

El Museo de la Inocencia (Orhan Pamuk)

    Orhan Pamuk nació en Estambul en 1952. A finales de los setenta decidió dedicarse plenamente a la narrativa abandonando su hasta entonces oficio de periodista. Desde entonces se ha convertido en un referente de la literatura turca contemporánea. En 2005 recibió el premio de la Paz otorgado por lo libreros alemanes, y en 2006 fue galardonado con el Nobel de Literatura.


       

     Vi caminando a Füsun en dirección contraria a la que yo avanzaba por aquella polvorienta carretera búlgara que atravesaba campos sembrados de girasoles. Su cuerpo esbelto parecía bailar en el interior del escueto vestido rojo mientras continuaba dando pequeños pasos hacia allí donde yo me encontraba. Mi admirado Orhan Pamuk también debió divisar la misma figura, e igual determinación en su caminar, según he podido comprobar tras visitar el Museo de la Inocencia abierto al público en Estambul y tras disfrutar durante ocho o nueve horas de la lectura de su novela.  En el capítulo 83 de la misma, Pamuk nos deja una invitación que permite franquear la entrada al museo que él mismo ha fundado. No esperen los asistentes encontrar allí esculturas ni pinturas de grandes maestros del arte oriental ni occidental. Tampoco objetos o documentos que justifiquen e ilustren grandes epopeyas humanas; ninguna referencia a la épica de pueblos o a la supervivencia de sus mitos. Muy al contrario, en ese pequeño museo que anida en la vivienda donde Füsun pasó la mayor parte de su vida, tan solo encontrará el visitante-lector aquellos pequeños objetos que durante años Kemal fue recogiendo como insignias conmemorativas de sus visitas y pensamientos en torno al amor de su vida. Nada importante: un pequeño pendiente, una horquilla de pelo o una colilla con el filtro manchado  del carmín que minutos antes cubría sus labios. Se trata de un homenaje a lo individual; a aquello que nos distrae y nos aleja de los grandes temas de la humanidad y que tan solo cobra sentido en nuestro interior.  Y es que la belleza esconde a menudo registros indescifrables tan solo visibles para algunos persuadidos o apasionados. Como iba diciendo, Füsun caminaba por la cuneta de aquella endemoniada carretera cuando también pude ver el Chevrolet del 56 conducido por hasta ese momento desconocido Kemal. El Chevrolet paró al lado de la muchacha y pude ver como ésta se sentaba al volante. Kemal, a su lado, paso el brazo por encima de sus hombros en un gesto de inconfundible ternura. Fue la última vez que tuve ocasión de verlos juntos. Después he tenido que acudir a la lectura de la novela de Pamuk para conocer una de las múltiples y posibles historias  que precedieron y siguieron a ese momento. Os la recomiendo de principio a fin. Incluso hasta puede resultar divertido y enriquecedor leer tan solo los capítulos 78 y 79 y que cada lector complete el resto antes de visitar  el Museo de la Inocencia  sito en un barrio del viejo Estambul.

Si quieres conseguirlo a través de Amazon haz click aquí


No olvides que tus comentarios alimentan este blog

Otros libros de Pamuk   Haz click aquí













                                                     

miércoles, 5 de abril de 2017

La Primera Suma

Hola a todos:

     En esta entrada os dejo un relato muy breve que escribí en el 2004. Se encuentra publicado en un libro de relatos colectivo editado por Fuentetaja

 


 Está dispuesto en la esencia de la cosas                
 que de cualquier resultado o éxito, sea cual fuere,
 surgirá algo que hará necesaria una lucha mayor
                  
                              Hojas de Hierba (Walt Whitman)


La primera suma

Siete. La respuesta es siete. En aquel momento, sentado en la pequeña silla, tuve la sensación de que había sido capaz de atravesar la barrera. No era capaz de intuir cuántas debería sobrepasar aún pero la sensación en aquel entonces, mezcla de alivio y orgullo, era absolutamente desconocida.

 Por lo general no me costaba demasiado esfuerzo  comprender las explicaciones de mi profesora. Pero aquello era distinto; hasta entonces los conocimientos se dirigían hacia mí. Únicamente debía guardarlos en la memoria. A menudo incluso me asombraban, pero todo era un proceso absolutamente pasivo en el que yo me consideraba un simple espectador.
Sin embargo aquello no era igual. Yo era capaz de contar, e incluso escribir en el cuaderno de cuadros, una sucesión de cifras que se me antojaba interminable. Pacientemente encerraba cada número en su casilla separado del siguiente por un pequeño guión. Ahora la cosa se complicaba. Se trataba de sumar. Me dictaban dos cifras comprendidas entre el uno y el nueve —hasta ahí no había nada de extraño — y yo debía escribir el resultado de la suma.  ¿A que se referían con aquello de la suma?. Daban a entender que ese nuevo guarismo debía  “adivinarlo” y anotarlo en mi cuaderno. Parecía fácil en principio, pues según se dijo, tan sólo consistía en hallar un número que resultaba ser la unión de los dos anteriormente  presentados bajo el “seudónimo” de sumandos. Diligente pero desconfiado garabateé — aún no he mejorado en este aspecto — un cuatro y un tres. ¡ Poseía pues mi primer resultado!. Levantándome del asiento me dirigí hacia la mesa de la profesora con el cuaderno de aritmética entre las manos. Ella lo tomó con cierto grado de expectación  e inmediatamente, por la expresión de su cara, pude deducir que la suma no era correcta.

— Cuatro y tres no son cuarenta y tres. Siéntate y discurre  —sentenció  a la vez que me devolvía el cuaderno mostrando un gesto mezcla de decepción y ánimo.

Descorazonado realicé el viaje de vuelta hasta el pupitre. Tomé asiento tratando de reponerme de la desilusión recibida. Pensaba y cavilaba. La lógica me conducía continuamente al mismo callejón sin salida. La palabra “discurre” rebotaba en mi cabeza. Yo no entendía su significado pero la repetía como si se tratase de algo mágico capaz de sacarme de aquel laberinto. Utilicé la goma de borrar con la esperanza de que el espacio en blanco destinado al resultado me ofreciese una nueva oportunidad. Aquello de sumar era más difícil de lo que parecía. Rascándome la cabeza con el extremo del lapicero continué discurriendo. Fue la primera vez que vislumbré la sensación producida por la desesperación y la amargura de la soledad. Tratando de esquivarlas, eché un vistazo hacia el lugar donde suponía encontrar a mis compañeros en idéntico trance. Con la cabeza baja casi pegada al papel, la mayoría se hallaban inmersos en la solución de tan extravagante ejercicio. Otros miraban a través del gran ventanal que daba al patio con la esperanza— o eso creía yo—  de que la solución estuviera inscrita en el vaho que cubría los cristales. Solamente Emilio, un crío espigado con el pelo rapado y grandes orejas, parecía tranquilo y seguro.

— Emilio, ¿has terminado?. —preguntó la maestra.
— Si señorita —contestó poniéndose en pie.
— ¿Qué dos cifras debías sumar?
— El dos y el siete.
— ¡A ver qué contestas! —mascullé para mis adentros.
— Nueve —respondió él con voz aflautada.
— ¡ Muy bien Emilio!. Ya tienes tu primera operación aritmética. Si continuas así al final de la semana conseguirás el premio al alumno más aplicado.
¡ Había acertado!. Aquel niño que tan mal jugaba al fútbol ya sabía sumar.
 Lo que no entendía yo era por qué por dar con la solución debían operarle; pero eso ahora era lo de menos.
Continué pensando. Sí él lo había logrado yo no podía fracasar.
—Tengo que encontrar cual es la suma de cuatro y tres.
Añadí docenas de veces el tres al precedente cuatro y el numero resultante no variaba: cuarenta y tres. Aquello era imposible., quizás la maestra se confundió y en vez de un tres vio un ocho. Pero no podía ser, el ocho es cerrado y el tres es abierto. Escribí en mi cuaderno, de manera ordenada, los números del uno al nueve. Allí estaban todos en fila india. Fijé la vista en el cuatro y decidí  avanzar a través de mi lista numérica. Si daba un paso aparecía el cinco, si avanzaba dos veía el seis y cuando lo hice por tercera vez comprendí lo que era sumar: Se trataba de partir del primer número y avanzar en la cuenta tantas veces como indicaba el segundo. ¡ Podía haberlo dicho antes!.
Henchido de orgullo alcé mi mano derecha todo lo que pude con el fin de atraer la atención de la maestra.
—¿Deseas ir al baño Jorge? —me preguntó con cierto aire de fastidio.
—No —le respondí rotundamente— ya tengo el resultado.
—A ver, ¿cuántas son cuatro más tres?
—Siete.
—¡Muy bien!. ¿Y dos más tres?
—Cinco —Contesté rápidamente.
—¿Ocho y siete?
 La cosa se complicaba pero no tardé más de diez segundos en contestar.
—Quince.
—¡Perfecto! —escuché a la maestra mientras acompañaba su voz con unas palmaditas de aplauso.
Ahora estaba seguro de que sabía sumar. A los demás compañeros —salvo a Emilio— todavía les costó un día o dos comprenderlo.
 Fueron momentos felices. En mi cuaderno se amontonaban las sumas. Cada vez se componían de más sumandos, pero yo continuaba discurriendo y ofrecía  el resultado correcto.

Al finalizar la semana escolar  —el sábado por la mañana — pude escuchar como la maestra pronunciaba mi nombre al hacer entrega del premio al alumno más aplicado. Fue el primero que recibí en mi vida, y quizás, el único que me ha provocado auténtica  felicidad.

Jorge Solera Marín.

Santa Úrsula a 16 de septiembre de 2004.

sábado, 1 de abril de 2017

El Gran Gatsby


     Al igual que Nick Carraway, el  narrador de esta novela, confieso que de haber sido invitado creo que no hubiese asistido jamás a las fiestas de Gatsby; y de haberlo hecho, hubiese sido por el anhelo de curiosidad que a veces siento ante lo que no comprendo y sospecho que no me interesa o lo hace de manera frugal. Atendiendo a este prejuicio hubiese tenido que pagar el precio de no haber podido establecer contacto personal con el protagonista de este relato., un tipo interesante y “como es debido”.  Porque en realidad todas la acciones y elecciones de Gatsby tienen como faro un único, noble y a la postre fatal objetivo : recuperar el amor de un antiguo amor, Daisy. Según palabras literales del narrador, Gatsby poseía un don extraordinario para la esperanza, una disponibilidad romántica como nunca he conocido en nadie y como probablemente no volveré a encontrar". Así pues, nos encontramos con un personaje enamorado al igual que aquellos de antaño que aparecen y sobresalen en los buenos folletines franceses del siglo XIX como Rojo y negro, Nana o Madame Bovary. Gatsby permanece en esta historia acurrucado tratando de esconderse o aparecer, según las circunstancias, como héroe o villano, como asesino o salvador, como trabajador de éxito o como estafador pero siempre transido por el enamoramiento. Nada ha cambiado con el tiempo, nada nuevo bajo la mirada del resto de ciudadanos con los que convivimos a diario. Sin embargo la pericia literaria de Fitzgerald logra disfrazar a los personajes sumergiéndolos en la atmósfera loca y anestesiada—años más tarde sus hijos se dieron de bruces con el segundo episodio bélico— que surge tras la finalización de la primera guerra mundial. En definitiva nos encontramos de nuevo ante un tema que trasciende a tiempos, lugares y vicisitudes: el deseo de compañía, o mejor dicho, ese miedo a la soledad que todos experimentamos y tratamos de resolver con formas de relación como la amistad, el amor o la asistencia a recepciones o celebraciones. El decorado, las costumbres, los vicios y los comportamientos sociales cambian, pero los miedos y sentimientos permanecen inmutables porque pertenecen al ámbito de lo universal; se encuentran escritos en la esencia de lo humano. Cuando se presta atención a los personajes de esta novela, salvo a los estrictamente muy secundarios, todos buscan la compañía, a pesar de que mucho de ellos se encuentran unidos por convencionalismos sociales que no dudan en romper y rehacer para atarse a aquello que les procura más posibilidades de alcanzar una compañía duradera. Fitzgarald nos conduce a través del relato y las vivencias de sus personajes por un laberinto de espejos. El mundano  y seductor Gatsby febrilmente enamorado de Daisy frente al aburrido y desilusionado Carraway que no sabe encontrar el atractivo a Jordan o las dos parejas— Myrtle  y George Wilson  frente a Daisy y Tom Buchanan— que viven un adulterio cruzado.
El desenlace podría decirse que encaja en cualquiera de los convencionalismos que maneja la narrativa europea tradicional. La muerte de Gatsby y de Myrtle, sugestionados por la idea de un futuro exento de miseria afectiva, los sorprende mientras intentan conquistar aquello que albergan sus sueños. En la lucha encuentran su final. En palabras de Borges pelearon por conseguir lo más alto, lo que tal vez nos dará el Cielo: "ser admitidos como parte de  una realidad innegable"; y perecieron en el intento.

A mi manera de ver, Fitzgerald logra en esta obra aquello que persiguen todos aquellos que se aventuran a escribir sobre otros, sobre todos. Agarrar la realidad como un rayo de luz y hacerla atravesar el prisma de la imaginación. El resultado es la descomposición de esa luz blanca en una amplia gama de tonos que, al fin y al cabo, son los que dan color a nuestra vida. Eso es lo que sin más ni más persigue, y a menudo consigue, la literatura.

Si quieres conseguirlo a través de Amazon haz click aquí