lunes, 31 de julio de 2017

UNA SENSACIÓN EXTRAÑA. (Orhan Pamuk)

     El protagonista de esta excelente novela, Mevlut Karatas, es un vendedor ambulante de Estambul. Su trabajo consiste en ofrecer, bajo una cantinela arcaica entonada de puerta en puerta, boza, un bebida tradicional turca de baja graduación que poco a poco va quedando en el olvido sustituida por los refrescos y la cerveza de tradición europea. Mevlut se siente cautivado por los barrios antiguos de la ciudad vieja mientras que la especulación urbanística galopa y amenaza con destruir ese mundo fantástico  con en el que todavía Mevlut fantasea. Nunca llegará a prosperar económicamente; es el sino que parece aceptar de buen grado a cambio de una vida tranquila y conforme a sus valores.


Mevlut representa en esta novela el eslabón que une las cadenas entre la vieja sociedad turca, con reminiscencias otomanas, y la europeísta juventud de los años setenta. El equilibrio entre estas dos sociedades resulta inestable en las páginas de Pamuk; y  hoy, en el escenario real, continúa siendo así. Turquía aún lucha por asentarse entre un ejército sujeto a las tradiciones y a la religión, y otro que pretende establecerse en el occidente ideológico de la civilizada Europa. Quizás el estrecho del Bósforo sea una metáfora donde  asienta y zozobra el país.

Todos los personajes de la novela cumplen con su función perfectamente definida. Pamuk mueve los hilos de la trama con una visión ya característica en él: una mirada infantil dibujada con estilo naíf. Ni los realmente malvados son muy malos, ni los modernos son excesivamente excéntricos, los ancianos no pierden su ingenuidad bondadosa, las mujeres guardan un espíritu tradicional con ribetes machistas, etc, etc. Todo resulta amable y benévolo en el mundo del Estambul de Pamuk. La batalla entre oriente y occidente, entre laicismo y religiosidad, parece librarse con espadas de madera.
La realidad resulta y resultó más dramática; pero a Pamuk no le interesan los dramas. Las historias de las personas son lo suyo; son ellos los protagonistas de un mundo casi fantástico, aunque les aguarde un destino trágico.

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domingo, 16 de julio de 2017

LA LITERATURA COMO GUÍA DE VIAJE.

El que lee mucho y anda mucho, ve mundo y sabe mucho. 

Miguel de Cervantes.  Don Quijote de la Mancha, segunda parte capítulo XXV 

Hola, aquí estoy de nuevo tras mis vacaciones en Viena. Y ya me encuentro preparando el próximo viaje: destino Florencia.

Y lo primero que hago cuando planeo una escapada es empaparme de la literatura que tiene como escenario la ciudad que voy a visitar.
Una Habitación con Vistas es el comienzo de este ilusionante viaje a la Toscana. Por eso se me ha ocurrido la idea de que escribas un comentario en esta entrada dando tu opinión sobre aquellos libros de ficción que dan merecida cuenta del alma de la ciudad donde transcurren. Pienso que resultará enriquecedor para todos.
Siempre he pensado que las ciudades las construyen también los escritores.

A modo de ejemplo te diré que de Madrid me encanta la Trilogía de Madrid de Francisco Umbral y, cómo no, Luces de Bohemia de Ramón María del Valle-Inclán; pero seguro que se te ocurren unas cuantas más.
Si hablamos de Barcelona, Ultimas Tardes con Teresa de Marsé me parece un glorioso relato. La Granada de los Cuentos de la  Alhambra  de Washington Irwing es mágica así como la Sevilla de Don Juan Tenorio. Un veterano y honrado periodista campa a sus anchas por Lisboa de la mano del genial Tabucchi en Sostiene  Pereira. ¡Qué lastima que se vea obligado a abandonarla!
Viena pertenece  al duo Joseph Roth-Stephan Zweig. Si tuviera que elegir me quedo con La Cripta de los Capuchinos del excéntrico Roth y con Carta de una Desconocida de Zweig.  
Orhan Pamuk es, a mi parecer, el Mehmet contemporáneo que ha logrado conquistar la Estambul/Constantinopla literaria. El Museo de la Inocencia  Una Sensación Extraña ofrecen un buen ejemplo.
Y París... aquí la lista puede resultar interminable pero, por citar solo dos, me quedo con Nana de Zola y La Vida Instrucciones de Uso de Perec. 

Te animo a que compartas aquí, toda esa literatura que es capaz de descubrir el encanto de cualquier ciudad del mundo mejor que la más excelente de las guías que adornan los escaparates de las librerías de la zona turística de cualquiera de ellas. Vale cualquiera de cualquier lugar y en cualquier época.
Un saludo y anímate a compartir. En una entrada próxima de este blog publicaré los resultados.

Escribe tu comentario.

martes, 30 de mayo de 2017

EL OTRO BUQUE FANTASMA (Relato)

En esta entrada te dejo un relato que escribí ya hace varios años pero que se encuentra entre mis favoritos. 


El Otro Buque Fantasma

            Los conocí durante un paseo  por el puerto el primer fin de semana que pasé en aquella ciudad. Mi profesión exige estas cosas, cambio de residencia, cambio de compañeros de trabajo, diferentes climas, horarios, y lugares nuevos donde poder pasear y entretenerme. 
Me encantan los días de invierno con sol radiante, y aquel domingo del mes de enero, el destino quiso que me sentase a tomar el aperitivo en la cantina pegada al muelle de atraque de los cruceros que parten hacia lugares de clima benévolo. Retiré la silla de aluminio de la mesa que decidí ocupar y tomé asiento. El gran barco ultimaba las maniobras de atraque. En pocos minutos su escalinata se llenaría de turistas prestos a buscar con la mirada la fila de taxis o el autocar que les prometía una completa visita a la ciudad en cincuenta minutos. En todas partes es igual; sentí esa sensación de lo ya vivido y a punto estuve de levantarme y cambiar de lugar, pero el camarero interrumpió mis cábalas.

viernes, 19 de mayo de 2017

CYRANO DE BERGERAC (Edmon Rostand)

¿Qué héroe ha logrado descubrir en ti todo aquello que significa grandeza?


Si atendéis a la primera acepción del diccionario de la RAE, observaréis que define al héroe como  persona ilustre y famosa por sus hazañas o virtudes. Sin embargo yo prefiero la quinta acepción que lo señala como persona a la que alguien convierte en objeto de su especial admiración.
Esta propia acepción tiene la virtud de señalarnos, a través del vocablo alguien, como coprotagonistas de la virtud y el hecho heroico. El hecho de admirar lleva implícito un cierto grado de sorpresa y la consideración de algo como extraordinario. Y extraordinarios me parecen, aunque en diferentes aspectos, los personajes que pasaré a enumerar, en ésta y en próximas entradas, como aquellos que me han  acompañado en aventuras que desde pequeño soñaba con emular.
El primero de todos, y protagonista absoluto en mi mundo literario, es Cyrano de Bergerac.  Este cadete de Gascuña resulta excesivo desde el primer momento de la obra y concepción del personaje. Excesivo en su grandilocuencia, en el feroz tamaño de su nariz, en el erizado bigote y en el colorido de su gallardo penacho. Capaz de expulsar del escenario a golpes al rollizo y obsceno actor Montfleury, por el hecho de declamar fatal los versos que se escribieron para volar; y sobre todo, por haberse atrevido en cierta ocasión a posar su mirada de ojos de rana en el rostro de su amada Roxana. 



Cuando se bate contra cien malhechores que le esperan en la puerta de Nestlé, no lo hace por fanfarronería, lo hace por defender su idea de lo absoluto: la actitud romántica de un borracho como Ligniére que Rostand escenifica mediante estos versos.

Porque ese mamarracho
este tonel con piernas, este ser lamentable
hizo en cierta ocasión una cosa admirable.
Al salir de una misa, viendo que su adorada
sumergía los dedos en el agua salada,
aunque contrario al agua, cual su aspecto denota
se inclinó hacia la pila, y no dejó ni una gota

Desencantado, debido a su fealdad, ante la imposibilidad de un acercamiento amoroso a su prima Roxana, Cyrano no solo afronta el desengaño sino que acepta con lealtad y gallardía la mediación entre ésta y su amado y bello Cristián. Cuando escondido entre las sombras de la noche bajo las ramas de un árbol, Cyrano se hace pasar por Cristián, no solo remplaza la torpeza del joven sino que suplanta el auténtico objeto de deseo en el alma de Roxana relegándolo a lo insustancial. Cristián recibe el beso de Roxana trepando al balcón; Cyrano conquista la plaza reservada tan solo para las almas inmortales: el deseo provocado por la admiración.

Pero nuestro héroe no se arredra. Aunque descorazonado continúa inmune al desaliento y niega una y otra vez la servidumbre ante el poder. Con su celebérrimo "No gracias" expone sin complejos su firme determinación de trabajar sin afán de gloria ni fortuna e imaginar que marcha a conquistar la luna. 
Cyrano crea un mundo propio al que tan solo resulta necesario inyectarle  el coraje que a él le sobra para convertir esa utopía en realidad tangible.

El final de la obra y del personaje asume los valores del drama clásico: Los poderes ilegítimos -la mentira, los prejuicios, la envidia- terminan destruyendo convicciones legítimas tales como luchar en favor de lo noble y lo hermoso. Cyrano muere de manera trágica, tras ser apaleado por sus enemigos de forma cobarde y alevosa, en los brazos de Roxana. Le habrán podido arrebatar el laurel y la rosa pero jamás podrán arrebatarle una cosa: su penacho, lleno de gallardía, y la brava apostura de su fiera nariz.

Anímate y escribe un comentario sobre alguno de tus héroes literarios



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sábado, 13 de mayo de 2017

NO PUEDES VOLAR PORQUE YA NO ERES UN NIÑO (A propósito de Peter Pan)







¿Todavía no habéis caído en la cuenta de cual es la diferencia entre un niño y un adulto? Si nos atuviésemos, Dios no lo quiera, a las disquisiciones de la psicología moderna, la respuesta sería clara y contundente: la edad. 

sábado, 6 de mayo de 2017

24 HORAS EN LA VIDA DE UNA MUJER (Stefan Zweig)



video

¿Creéis que es posible ceder apasionadamente al instinto en forma libre; es decir: ¿Hay acciones que una hora antes de cometerlas juzgaríamos como imposibles? 
Zweig, a mi manera de ver, lo expone e ilustra magistralmente en este librito de pequeño formato e inmenso contenido.     

 En la tranquilidad de un balneario cercano a Montecarlo, Madame Henriette, madre de dos hijas de corta edad, desaparece en compañía de un joven al que conoció el día anterior. 

lunes, 1 de mayo de 2017

ENTREVISTA RADIO QRZLATINO



Hola a Todos:
Aquí podéis escuchar la entrevista que el director del programa Onda de Boleros  emitido por RadioQRZLatina, Antonio Guerra, me realizó durante el acto de presentación de mi novela NO SOY NADIE PORQUE NADIE ME ESPERA. RadioQRzLatina es una emisora independiente, joven y de trato directo que te trae toda la selección de música española actual y los mejores éxitos de hoy. Además también se ocupa de divulgar aspectos culturales fuera del campo estrictamente musical.










Acto de presentación en la librería LEMUS 





























Con Javier, el DJMaster de la emisora 











Momento de la entrevista con el locutor Antonio Guerra











                                                                                              

viernes, 28 de abril de 2017

EL AMERICANO IMPASIBLE (Graham Greene)



"Que Dios nos salve de los inocentes y los buenos"

Así se expresa el jefe de la prefectura policial francesa, Vigot, refiriéndose a Pyle, joven estadounidense de treinta y dos años empleado en la Misión de Ayuda Económica americana. Le envió su país a la "conquista de oriente para la democracia"; nunca vio nada que no hubiese oído en una sala de conferencias ni expresó algo que no hubiese escuchado a su padre. 

domingo, 23 de abril de 2017

Presentación de "NO SOY NADIE PORQUE NADIE ME ESPERA" en la librería Lemus




El pasado jueves 20 de abril nos reunimos en la librería LEMUS de La laguna unos cuantos amigos y algunos fieles lectores para la presentación de mi novela NO SOY NADIE PORQUE NADIE ME ESPERA. La presentación del acto la llevó a cabo Ana Gonzalez Duque autora de libros como El blog de la doctora Jomeini, Planes de boda o leyendas de la tierra límite y  directora del blog Marketing online para escritores.  Además pudimos contar con la colaboración, en la difusión del acto, de Radioqrzlatina y la invitación a una copa de vino a cargo de Bodegas Dominguez.



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Durante el acto Ana Gonzalez Duque entrevistó a Jorge Solera sobre el origen de la idea que motivó la escritura de esta obra y sobre aspectos narrativos y técnicos de la novela, influencias literarias del autor y circunstancias en las que se fue "cociendo" el relato. En todo momento estuvo presente en la sala una reproducción de la obra del pintor norteamericano Edward Hopper "Summer Interior". Jorge nos relató sus sensaciones e interrogantes ante la contemplación de este cuadro que dieron lugar al argumento de su novela.







IMÁGENES DEL ACTO




Con Javier y Antonio de Radio QRZ Latina










MUCHAS GRACIAS A TODOS
Y
HASTA LA PRÓXIMA






viernes, 21 de abril de 2017

EL BARRIO DE LA BOCA

Este relato breve lo escribí nada más de regresar de mi viaje por Argentina. No pretende más que reflejar mis impresiones de ese barrio bonaerense, sobre sus gentes, sobre su grandeza y sus pequeñas miserias. 

Parece como si el Gran Buenos Aires hubiera descartado este trocito de territorio de sus pretensiones cosmopolitas para convertirlo en tierra mítica: aquí conviven La Bombonera, el estadio donde El Diego Maradona comenzó su andadura balompédica, el fondo del bandoneón que acompañaba a Carlos Gardel y la calle Caminito.

 Pero El Barrio de la Boca es algo más, eso que cada uno de sus habitantes intenta justificar ante la visita de los centenares de turistas que lo visitan cada día y que, me temo, tan solo pretenden aceptarlo como recuerdo de viaje.




Gracias al equipo de redacción de la revista literaria Trabalibros por la publicación de este relato.       

Si deseas leer este relato breve  en la revista 
                                           Pincha aquí                                                          
                                      

                                  



miércoles, 12 de abril de 2017

El Museo de la Inocencia (Orhan Pamuk)

    Orhan Pamuk nació en Estambul en 1952. A finales de los setenta decidió dedicarse plenamente a la narrativa abandonando su hasta entonces oficio de periodista. Desde entonces se ha convertido en un referente de la literatura turca contemporánea. En 2005 recibió el premio de la Paz otorgado por lo libreros alemanes, y en 2006 fue galardonado con el Nobel de Literatura.


       

     Vi caminando a Füsun en dirección contraria a la que yo avanzaba por aquella polvorienta carretera búlgara que atravesaba campos sembrados de girasoles. Su cuerpo esbelto parecía bailar en el interior del escueto vestido rojo mientras continuaba dando pequeños pasos hacia allí donde yo me encontraba. Mi admirado Orhan Pamuk también debió divisar la misma figura, e igual determinación en su caminar, según he podido comprobar tras visitar el Museo de la Inocencia abierto al público en Estambul y tras disfrutar durante ocho o nueve horas de la lectura de su novela.  En el capítulo 83 de la misma, Pamuk nos deja una invitación que permite franquear la entrada al museo que él mismo ha fundado. No esperen los asistentes encontrar allí esculturas ni pinturas de grandes maestros del arte oriental ni occidental. Tampoco objetos o documentos que justifiquen e ilustren grandes epopeyas humanas; ninguna referencia a la épica de pueblos o a la supervivencia de sus mitos. Muy al contrario, en ese pequeño museo que anida en la vivienda donde Füsun pasó la mayor parte de su vida, tan solo encontrará el visitante-lector aquellos pequeños objetos que durante años Kemal fue recogiendo como insignias conmemorativas de sus visitas y pensamientos en torno al amor de su vida. Nada importante: un pequeño pendiente, una horquilla de pelo o una colilla con el filtro manchado  del carmín que minutos antes cubría sus labios. Se trata de un homenaje a lo individual; a aquello que nos distrae y nos aleja de los grandes temas de la humanidad y que tan solo cobra sentido en nuestro interior.  Y es que la belleza esconde a menudo registros indescifrables tan solo visibles para algunos persuadidos o apasionados. Como iba diciendo, Füsun caminaba por la cuneta de aquella endemoniada carretera cuando también pude ver el Chevrolet del 56 conducido por hasta ese momento desconocido Kemal. El Chevrolet paró al lado de la muchacha y pude ver como ésta se sentaba al volante. Kemal, a su lado, paso el brazo por encima de sus hombros en un gesto de inconfundible ternura. Fue la última vez que tuve ocasión de verlos juntos. Después he tenido que acudir a la lectura de la novela de Pamuk para conocer una de las múltiples y posibles historias  que precedieron y siguieron a ese momento. Os la recomiendo de principio a fin. Incluso hasta puede resultar divertido y enriquecedor leer tan solo los capítulos 78 y 79 y que cada lector complete el resto antes de visitar  el Museo de la Inocencia  sito en un barrio del viejo Estambul.

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miércoles, 5 de abril de 2017

La Primera Suma

Hola a todos:

     En esta entrada os dejo un relato muy breve que escribí en el 2004. Se encuentra publicado en un libro de relatos colectivo editado por Fuentetaja

 


 Está dispuesto en la esencia de la cosas                
 que de cualquier resultado o éxito, sea cual fuere,
 surgirá algo que hará necesaria una lucha mayor
                  
                              Hojas de Hierba (Walt Whitman)


La primera suma

Siete. La respuesta es siete. En aquel momento, sentado en la pequeña silla, tuve la sensación de que había sido capaz de atravesar la barrera. No era capaz de intuir cuántas debería sobrepasar aún pero la sensación en aquel entonces, mezcla de alivio y orgullo, era absolutamente desconocida.

 Por lo general no me costaba demasiado esfuerzo  comprender las explicaciones de mi profesora. Pero aquello era distinto; hasta entonces los conocimientos se dirigían hacia mí. Únicamente debía guardarlos en la memoria. A menudo incluso me asombraban, pero todo era un proceso absolutamente pasivo en el que yo me consideraba un simple espectador.
Sin embargo aquello no era igual. Yo era capaz de contar, e incluso escribir en el cuaderno de cuadros, una sucesión de cifras que se me antojaba interminable. Pacientemente encerraba cada número en su casilla separado del siguiente por un pequeño guión. Ahora la cosa se complicaba. Se trataba de sumar. Me dictaban dos cifras comprendidas entre el uno y el nueve —hasta ahí no había nada de extraño — y yo debía escribir el resultado de la suma.  ¿A que se referían con aquello de la suma?. Daban a entender que ese nuevo guarismo debía  “adivinarlo” y anotarlo en mi cuaderno. Parecía fácil en principio, pues según se dijo, tan sólo consistía en hallar un número que resultaba ser la unión de los dos anteriormente  presentados bajo el “seudónimo” de sumandos. Diligente pero desconfiado garabateé — aún no he mejorado en este aspecto — un cuatro y un tres. ¡ Poseía pues mi primer resultado!. Levantándome del asiento me dirigí hacia la mesa de la profesora con el cuaderno de aritmética entre las manos. Ella lo tomó con cierto grado de expectación  e inmediatamente, por la expresión de su cara, pude deducir que la suma no era correcta.

— Cuatro y tres no son cuarenta y tres. Siéntate y discurre  —sentenció  a la vez que me devolvía el cuaderno mostrando un gesto mezcla de decepción y ánimo.

Descorazonado realicé el viaje de vuelta hasta el pupitre. Tomé asiento tratando de reponerme de la desilusión recibida. Pensaba y cavilaba. La lógica me conducía continuamente al mismo callejón sin salida. La palabra “discurre” rebotaba en mi cabeza. Yo no entendía su significado pero la repetía como si se tratase de algo mágico capaz de sacarme de aquel laberinto. Utilicé la goma de borrar con la esperanza de que el espacio en blanco destinado al resultado me ofreciese una nueva oportunidad. Aquello de sumar era más difícil de lo que parecía. Rascándome la cabeza con el extremo del lapicero continué discurriendo. Fue la primera vez que vislumbré la sensación producida por la desesperación y la amargura de la soledad. Tratando de esquivarlas, eché un vistazo hacia el lugar donde suponía encontrar a mis compañeros en idéntico trance. Con la cabeza baja casi pegada al papel, la mayoría se hallaban inmersos en la solución de tan extravagante ejercicio. Otros miraban a través del gran ventanal que daba al patio con la esperanza— o eso creía yo—  de que la solución estuviera inscrita en el vaho que cubría los cristales. Solamente Emilio, un crío espigado con el pelo rapado y grandes orejas, parecía tranquilo y seguro.

— Emilio, ¿has terminado?. —preguntó la maestra.
— Si señorita —contestó poniéndose en pie.
— ¿Qué dos cifras debías sumar?
— El dos y el siete.
— ¡A ver qué contestas! —mascullé para mis adentros.
— Nueve —respondió él con voz aflautada.
— ¡ Muy bien Emilio!. Ya tienes tu primera operación aritmética. Si continuas así al final de la semana conseguirás el premio al alumno más aplicado.
¡ Había acertado!. Aquel niño que tan mal jugaba al fútbol ya sabía sumar.
 Lo que no entendía yo era por qué por dar con la solución debían operarle; pero eso ahora era lo de menos.
Continué pensando. Sí él lo había logrado yo no podía fracasar.
—Tengo que encontrar cual es la suma de cuatro y tres.
Añadí docenas de veces el tres al precedente cuatro y el numero resultante no variaba: cuarenta y tres. Aquello era imposible., quizás la maestra se confundió y en vez de un tres vio un ocho. Pero no podía ser, el ocho es cerrado y el tres es abierto. Escribí en mi cuaderno, de manera ordenada, los números del uno al nueve. Allí estaban todos en fila india. Fijé la vista en el cuatro y decidí  avanzar a través de mi lista numérica. Si daba un paso aparecía el cinco, si avanzaba dos veía el seis y cuando lo hice por tercera vez comprendí lo que era sumar: Se trataba de partir del primer número y avanzar en la cuenta tantas veces como indicaba el segundo. ¡ Podía haberlo dicho antes!.
Henchido de orgullo alcé mi mano derecha todo lo que pude con el fin de atraer la atención de la maestra.
—¿Deseas ir al baño Jorge? —me preguntó con cierto aire de fastidio.
—No —le respondí rotundamente— ya tengo el resultado.
—A ver, ¿cuántas son cuatro más tres?
—Siete.
—¡Muy bien!. ¿Y dos más tres?
—Cinco —Contesté rápidamente.
—¿Ocho y siete?
 La cosa se complicaba pero no tardé más de diez segundos en contestar.
—Quince.
—¡Perfecto! —escuché a la maestra mientras acompañaba su voz con unas palmaditas de aplauso.
Ahora estaba seguro de que sabía sumar. A los demás compañeros —salvo a Emilio— todavía les costó un día o dos comprenderlo.
 Fueron momentos felices. En mi cuaderno se amontonaban las sumas. Cada vez se componían de más sumandos, pero yo continuaba discurriendo y ofrecía  el resultado correcto.

Al finalizar la semana escolar  —el sábado por la mañana — pude escuchar como la maestra pronunciaba mi nombre al hacer entrega del premio al alumno más aplicado. Fue el primero que recibí en mi vida, y quizás, el único que me ha provocado auténtica  felicidad.

Jorge Solera Marín.

Santa Úrsula a 16 de septiembre de 2004.

sábado, 1 de abril de 2017

El Gran Gatsby


     Al igual que Nick Carraway, el  narrador de esta novela, confieso que de haber sido invitado creo que no hubiese asistido jamás a las fiestas de Gatsby; y de haberlo hecho, hubiese sido por el anhelo de curiosidad que a veces siento ante lo que no comprendo y sospecho que no me interesa o lo hace de manera frugal. Atendiendo a este prejuicio hubiese tenido que pagar el precio de no haber podido establecer contacto personal con el protagonista de este relato., un tipo interesante y “como es debido”.  Porque en realidad todas la acciones y elecciones de Gatsby tienen como faro un único, noble y a la postre fatal objetivo : recuperar el amor de un antiguo amor, Daisy. Según palabras literales del narrador, Gatsby poseía un don extraordinario para la esperanza, una disponibilidad romántica como nunca he conocido en nadie y como probablemente no volveré a encontrar". Así pues, nos encontramos con un personaje enamorado al igual que aquellos de antaño que aparecen y sobresalen en los buenos folletines franceses del siglo XIX como Rojo y negro, Nana o Madame Bovary. Gatsby permanece en esta historia acurrucado tratando de esconderse o aparecer, según las circunstancias, como héroe o villano, como asesino o salvador, como trabajador de éxito o como estafador pero siempre transido por el enamoramiento. Nada ha cambiado con el tiempo, nada nuevo bajo la mirada del resto de ciudadanos con los que convivimos a diario. Sin embargo la pericia literaria de Fitzgerald logra disfrazar a los personajes sumergiéndolos en la atmósfera loca y anestesiada—años más tarde sus hijos se dieron de bruces con el segundo episodio bélico— que surge tras la finalización de la primera guerra mundial. En definitiva nos encontramos de nuevo ante un tema que trasciende a tiempos, lugares y vicisitudes: el deseo de compañía, o mejor dicho, ese miedo a la soledad que todos experimentamos y tratamos de resolver con formas de relación como la amistad, el amor o la asistencia a recepciones o celebraciones. El decorado, las costumbres, los vicios y los comportamientos sociales cambian, pero los miedos y sentimientos permanecen inmutables porque pertenecen al ámbito de lo universal; se encuentran escritos en la esencia de lo humano. Cuando se presta atención a los personajes de esta novela, salvo a los estrictamente muy secundarios, todos buscan la compañía, a pesar de que mucho de ellos se encuentran unidos por convencionalismos sociales que no dudan en romper y rehacer para atarse a aquello que les procura más posibilidades de alcanzar una compañía duradera. Fitzgarald nos conduce a través del relato y las vivencias de sus personajes por un laberinto de espejos. El mundano  y seductor Gatsby febrilmente enamorado de Daisy frente al aburrido y desilusionado Carraway que no sabe encontrar el atractivo a Jordan o las dos parejas— Myrtle  y George Wilson  frente a Daisy y Tom Buchanan— que viven un adulterio cruzado.
El desenlace podría decirse que encaja en cualquiera de los convencionalismos que maneja la narrativa europea tradicional. La muerte de Gatsby y de Myrtle, sugestionados por la idea de un futuro exento de miseria afectiva, los sorprende mientras intentan conquistar aquello que albergan sus sueños. En la lucha encuentran su final. En palabras de Borges pelearon por conseguir lo más alto, lo que tal vez nos dará el Cielo: "ser admitidos como parte de  una realidad innegable"; y perecieron en el intento.

A mi manera de ver, Fitzgerald logra en esta obra aquello que persiguen todos aquellos que se aventuran a escribir sobre otros, sobre todos. Agarrar la realidad como un rayo de luz y hacerla atravesar el prisma de la imaginación. El resultado es la descomposición de esa luz blanca en una amplia gama de tonos que, al fin y al cabo, son los que dan color a nuestra vida. Eso es lo que sin más ni más persigue, y a menudo consigue, la literatura.

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